Una tarde a Habanaguana se le cruzó en su trayecto al río un ser extraño. Su cuerpo apenas se distinguía, enfundado como estaba en corazas metálicas. De debajo del casco le salía una melena rubia, y sus ojos eran del color de las esmeraldas. Empuñaba un pincho puntiagudo en la mano, osea, una lanza, y al ver a Habanagua puso cara de haber descubierto a una diosa. Se arrodilló incluso ante ella.
Sinopsis: Open Library
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